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Jóvenes sobrecualificados, el problema se enquista en el mercado laboral español

Jóvenes sobrecualificados

Niveles educativos más elevados, mayores oportunidades educativas y una mayor inversión de tiempo y recursos por parte de las familias habría llevado a las generaciones jóvenes a estar cada vez mejor preparadas en su inserción al mercado laboral. El hecho de contar con estudios superiores no garantizaría, por el contrario, que las condiciones laborales se ajusten siempre al nivel de estudios adquirido. En lo referido a esto último, España tendría que lidiar con ser el país de la Unión Europea con mayor tasa de jóvenes sobrecualificados. Así lo constatarían los datos recogidos por la Oficina Europea de Estadística, más conocida como Eurostat, según los cuales, el 34% de la ciudadanía española tendría una formación superior a la del puesto en el que desempeñarían sus funciones. Un porcentaje que ascendería hasta el 38,8% en el caso de los jóvenes y que se mostraría superior a la media registrada por la Unión Europea, siendo esta del 21%. Lejos de ser algo nuevo, España vendría arrastrando desde hace décadas este desajuste.

Además de generar cierta frustración entre quienes han de enfrentarse a esta situación, la producción nacional también se vería afectada por esta sobrecualificación de los profesionales, anotando unos niveles más bajos a los que podrían obtenerse de no producirse este fenómeno. La empleabilidad, por su parte, sería uno de los reflejos más fidedignos de esa discordancia entre la oferta y la demanda, siendo esta una de las razones que explicarían por qué la tasa de desempleo juvenil se situaría en nuestro país por encima del 38% (la más alta de los países del entorno). La escasez de oportunidades laborales condenaría a muchos jóvenes a aceptar empleos para los que estarían sobrecualificados. Y es que, cursar una carrera ya no sería suficiente para asegurarse una buena trayectoria laboral. En este contexto, muchos profesionales optarían por seguir formándose a fin de ampliar su abanico de posibilidades, lo que influiría en el hecho de que estos cuenten con una cualificación superior a la de su puesto.

Si bien la formación continuada parecería ser un requisito indispensable ante la volatilidad del mercado de trabajo, consecuencia entre otras cuestiones de la irrupción tecnológica, la predisposición de las empresas a solicitar perfiles cada vez más cualificados alentaría a muchos profesionales a seguir formándose. No obstante, en muchas ocasiones las compañías requerirían unos conocimientos que distarían de los realmente necesarios para el puesto. Una situación que retroalimentaría este problema y que explicaría el sentir generalizado de muchos jóvenes de nuestro país que verían con recelo los títulos universitarios a la hora de encontrar empleo. La realidad llevaría a que una parte importante de estos desempeñen su trabajo en un área que se desmarca de los estudios cursados. El descontento en torno a las titulaciones universitarias no sería únicamente una percepción de los jóvenes, ya que actualmente un 40% de la oferta laboral estaría destinada a personas que habrían cursado una FP de grado medio o superior, frente al 33,7% de ofertas dirigidas a profesionales con titulación universitaria.

Teniendo en cuenta que los puestos en los que se requiere una mayor cualificación proporcionarían mayor estabilidad y proyección laboral a los trabajadores, haciendo que cobre sentido la formación continuada, la ausencia de los mismos evidencia la necesidad de integrar cambios en el mercado de trabajo que permita que exista una sintonía entre los puestos y los profesionales y permita acabar con la abundancia de perfiles sobrecualificados.

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