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La Unión Europea encuentra en la I+D+I la solución a la crisis

I+D+I

En el año 2018, España recuperaba los niveles de inversión en investigación y desarrollo (I+D) previos a la crisis del 2008. Impulsada mayoritariamente por el sector privado, los datos recogidos en el informe realizado entonces por la Fundación COTEC, mostraban el ligero crecimiento que experimentaba nuestro país tras una década de estancamiento económico. Dos años más tarde, la irrupción de la COVID-19 sacudía de nuevo con fuerza a la comunidad internacional con una crisis sanitaria, social y económica de grandes dimensiones, que vuelve a abrir el debate sobre la importancia de invertir en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I).

La aportación nacional en I+D+I sigue siendo todavía muy baja. Tomando como referencia los últimos datos publicados por el INE, relativos al 2019, vemos como la inversión realizada durante dicho periodo supuso aproximadamente el 1,25% del PIB, situándose por debajo del 3% recomendado por la Unión Europea y del 2,18% de media que actualmente registran los estados miembros. En Bruselas son conocedores del valor que ostenta para el continente impulsar un conocimiento abierto y transversal. Una postura que se vería respaldada a través de programas como Horizonte Europa (2021-2027), cuya partida presupuestaria, cifrada en 95.500 millones de €, pretende garantizar el fortalecimiento de los estados miembros desde una perspectiva social, económica, científica y digital, gracias a la inversión en I+D+I durante los próximos seis años.  

Para Julien Gerrier, director de Planificación y Programación de Horizonte Europa en la Comisión Europea, “el rápido desarrollo de las vacunas es un claro ejemplo de esa respuesta única, rápida y eficaz que ha sido posible gracias y solo gracias a la ciencia”. Así lo manifestaba durante su intervención en un acto celebrado hoy por el diario El MUNDO, enmarcado dentro del ciclo Foro Europa Verde y Digital, en el que a su vez enfatizaba en las oportunidades que brindan la investigación y la innovación a la hora de lograr “una economía al servicio de las personas” y una transición verde y digital en línea con el Pacto Verde Europeo. Pese a existir una correlación entre ambos conceptos, lo cierto es que, tal y como señalaba Gerrer, Europa fallaría al transformar ese liderazgo científico en un liderazgo innovador que permita crear oportunidades. En esta misma posición se mostraba María Benjumea, presidenta de Spain Start Up, quien consideraría una cuestión prioritaria que los investigadores “respondan realmente a las necesidades del mercado, además de hacerlo en tiempo y forma”. Con esta declaración Benjumea hacía alusiones a esa complementación tan necesaria, como olvidada, entre investigación e innovación.

Inversión público-privada en I+D+I

Centrándonos en el caso español, nuestro país mostraría cierto reconocimiento en el ámbito de la investigación, pero se debilitaría en su desarrollo, así como en el proceso de innovación. Es por ello, por lo que muchos expertos apelan a una colaboración público-privada, que permita posicionar a España a la vanguardia de la inversión en I+D+I. Y es que, pese a los esfuerzos que se estarían llevando a cabo desde la Administración, lo cierto es que el sector privado seguiría liderando su posición en términos de innovación. Un cambio que, según el director general de la Fundación I+E, Renato del Bino debe hacerse de manera conjunta. “No es suficiente con que crezca la inversión pública, también tiene que crecer en paralelo la inversión privada”, recordaba. Invertir en innovación es, en definitiva, apostar por un futuro en el que podamos anticiparnos a lo que pueda suceder, gracias al saber que nos brinda la ciencia.

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