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El coste social y personal de la soledad no deseada

Soledad no deseada

Sentirse solo aun estando acompañado es una realidad que experimentaría cada vez un número mayor de personas. La soledad no deseada sería una epidemia silenciosa, que afecta al 13,4% de la población española, siendo los jóvenes de 16 a 24 años el grupo poblacional que más sufriría sus consecuencias. Los datos se extraen del estudio “El coste de la soledad no deseada en España”, elaborado por el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada. SoledadES, de la Fundación ONCE.  El trabajo sería pionero a la hora de cuantificar el costo derivado de esta problemática, cifrándolo en más de 14.000 millones de euros, lo que supondría el 1,17% del PIB de nuestro país en el año 2021.

A diferencia del aislamiento social, en el que se evidencia la ausencia de conexiones sociales, la soledad no deseada sería una experiencia subjetiva fruto de la creencia de que las relaciones personales que se tienen son insuficientes o no son de calidad. La aparición de este sentimiento, estaría en un 79% de los casos asociada a causas externas, entre las que destacaría por encima de todas, la ausencia de convivencia o apoyo familiar o social, seguida, a gran distancia, de aquellas de carácter laboral. Es por ello, por lo que, el paso del tiempo nos volvería vulnerables a desarrollar este sentimiento, ante la pérdida de seres queridos. Por lo que todos seríamos susceptibles a sufrir este sentimiento en algún momento de nuestra vida, evidenciando la necesidad de establecer un compromiso social férreo frente a esta problemática. “La sociedad española tiene que terminar de asumir que cuidar es un deber democrático”, apuntaba Matilde Fernández, presidenta de SoledadES, durante la presentación del estudio, celebrada el 24 de abril, en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid.  

La soledad no deseada estaría relacionada con una mayor prevalencia de enfermedades como la depresión, la ansiedad crónica o la diabetes, suponiendo un riesgo para la salud de quienes la padecen y un mayor uso de recursos sanitarios. La mala percepción que tendrían estas personas acerca de su salud, también influiría en el gasto sanitario. La pérdida de calidad de vida redundaría a su vez en un mayor factor de riesgo a una mortalidad prematura, aumentando en un 26% las probabilidades de deceso de quienes se sientes solos con respecto a los que no experimentarían este sentimiento. En lo que respecta al ámbito laboral, la soledad no deseada estaría a su vez intrínsicamente relacionada con una disminución de la producción.

Además de la puesta en marcha de políticas orientadas a la prevención, detección y tratamiento de lo que se ha constituido como un problema de salud pública, por parte de las Administraciones, es necesario que exista un compromiso ciudadano. Es aquí, donde cobrarían importancia iniciativas como la llevado a cabo por NextDoor, entidad colaboradora en el citado estudio, cuya principal labor se centraría en favorecer las redes vecinales. A todo ello habría que añadir, especialmente en el caso de los adultos mayores cuando su ausencia es más significativa, la importancia de seguir cultivando proyectos, con independencia de la edad. En ello reparaba Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid, quien recordaba que «los seres humanos no solo tienen que tener salud, sino que también tienen que tener proyectos”.

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