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Día Internacional de las Personas Mayores, inclusión y participación en un mundo digitalizado

Personas Mayores

Las personas mayores representan casi el 20% de la población de nuestro país, un porcentaje que se espera que siga creciendo en el transcurso de los próximos años, como consecuencia de las bajas tasas de natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Su peso en la sociedad dista, por el contrario, de su participación en asuntos que les conciernen, tanto públicos, como privados, debido a la imagen estereotipada que sigue despertando la vejez y que, como tal, lleva a muchas de estas personas a permanecer en un segundo plano.

El 14 de diciembre del año 1990, Naciones Unidas declaraba el 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad, bajo el objetivo de visibilizar al colectivo, promover sus derechos y posicionarle en el lugar que le corresponde en la sociedad. Más de tres décadas después, las personas mayores siguen haciendo frente a situaciones discriminatorias como consecuencia de su edad, haciendo que este fenómeno, conocido como edadismo, sea en la actualidad una de las principales causas de exclusión en el mundo. Una situación que, según publicaba este año en un informe la Organización Mundial de la Salud, lleva a que uno de cada dos ciudadanos sufra sus consecuencias.

El impulso que ha sufrido la digitalización durante los últimos años ha cambiado por completo la forma que hasta entonces teníamos de relacionarnos no solo con nuestro entorno, sino también con empresas e instituciones. El tránsito hacia el ecosistema digital ha dado lugar a nuevas desigualdades, dificultando la plena inclusión de colectivos como el de las personas mayores. En este contexto, Naciones Unidas ha querido que la celebración de este 1 de octubre vaya dirigida a reivindicar el acceso y participación de los mayores en el mundo digital, mediante el lema “Equidad digital para todas las edades”. Entre los objetivos señalados, la organización busca sensibilizar sobre la inclusión de estas personas en este espacio, garantizando su seguridad y privacidad, así como alentar al uso de las tecnologías digitales para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Al mismo tiempo, pretende “poner de relieve la necesidad de un instrumento jurídicamente vinculante sobre los derechos de las personas de edad y de un enfoque intersectorial de derechos humanos centrado en la persona para una sociedad para todas las edades”.

Un cambio cultural necesario

Las personas mayores son un colectivo heterogéneo que, como tal, está compuesto por individuos muy diferentes entre sí. La tendencia errónea a considerarlas como un grupo homogéneo lleva a que gran parte de la ciudadanía asocie el envejecimiento con inactividad, fragilidad o vulnerabilidad. A su vez, la infantilización, en ocasiones inintencionada, a la que muchas veces se ven sometidas estas personas repercute seriamente en su autonomía, arrebatando su derecho a decidir libremente. Es por ello, por lo que además del compromiso que deben asumir los poderes públicos en torno al diseño de políticas orientadas a proteger y garantizar el cumplimiento de sus derechos fundamentales, como los de cualquier otro ciudadano, es importante que estas acciones vayan acompañadas de un cambio cultural, que entienda el envejecimiento desde una perspectiva positiva. 

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