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Derechos y deberes de una sociedad cuidadora

Existe una dependencia recíproca por la que todas las personas, sin distinción, requerimos de los cuidados de otras en diferentes etapas de nuestra vida, lo que nos convierte en seres interdependientes. “Nadie se escapa de esta necesidad en el momento de nacer y muchos también en el de morir”, reflexionan Joan Berenguer y Fracesc Rillo, director y coordinador de proyectos, respectivamente, de la Fundación Mémora, en su introducción al Libro Blanco de Ciudades que Cuidan. Pese a ser una realidad incuestionable, tendemos a pensar en la dependencia como una cuestión ajena, imbuidos por el auge del individualismo, tal y como apuntaría Victòria Camps, filósofa y patrona de la Fundación Mémora. “Lo que se impone para que el cuidado sea visto de veras como un valor imprescindible es otro marco mental, un cambio de perspectiva, que parta de la convicción de que todos somos dependientes, aunque la dependencia no se manifieste en muchos casos de una forma continua a lo largo de la vida”, explica.

En su búsqueda por situar los cuidados en el centro de las sociedades actuales, el citado Libro Blanco recoge las reflexiones de más de un centenar de expertos, agrupados en veintidós especialidades, a fin de proporcionar una visión multidisciplinar sobre esta realidad que ha de involucrar a toda la ciudadanía. El objetivo es, por tanto, profundizar acerca de los cuidados desde una perspectiva colectiva, en favor del bien común, recayendo en esa necesidad de ser cuidado y, al mismo tiempo, en esa capacidad de cuidar. Tal y como apuntaría Camps, “cuidar unos de otros es un deber moral básico, porque es necesario, dada la vulnerabilidad que constituye al ser humano”. Para avanzar hacia ese modelo de sociedad cuidadora al que se haría alusiones en el documento, la experta incidiría en la idea de entender al ser humano como un ser “relacional”, en detrimento de esa concepción individualista de la modernidad por la que se ensalza la autonomía personal y se rehúye de la vulnerabilidad humana.

Pese a que la dependencia no es una cuestión exclusiva de la vejez, el aumento de la esperanza de vida sí que vendría acompañado de un incremento del número de personas dependientes. Por ello, Camps expondría la necesidad de entender los cuidados como una responsabilidad cívica, que a su vez ha de ir acompasada de políticas públicas, introduciendo esa doble vertiente derecho-deber en torno a los cuidados. Además del aumento de la dependencia, la sociedad se enfrentaría a otro gran problema, la soledad no deseada. En lo referido a esta cuestión, Javier Yanguas, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y director científico del Programa Mayores de la Fundación La Caixa, destacaría dos componentes esenciales que influirían en la aparición de este problema que afecta a un gran número de personas mayores y que genera graves consecuencias en la salud de quienes lo padecen. Así, su aparición respondería a un elemento de carácter afectivo, que respondería a esa necesidad de relacionarse, en la que intervendrían las emociones negativas, y otro de carácter cognitivo, más determinante (según el experto), fruto de una disimilitud entre lo esperado “y la realidad propia de las visiones cognitivistas”.  

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