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Deontología profesional, el valor añadido de los servicios profesionales

Deontología profesional

La deontología profesional constituye uno de los pilares sobre los que se sustenta toda actividad colegial. Comprendida como el conjunto de reglas y principios que rigen la conducta de los y las profesionales de una misma profesión, este sistema de carácter autorregulador, como es la deontología, vela por garantizar el buen ejercicio profesional.

Representadas en un mismo código, las normas deontológicas tienen por finalidad “proteger a los destinatarios de la actividad de esos profesionales”, apunta Hilda Garrido Suárez, miembro del Instituto en Derechos Humanos Gregorio Peces Barba de la Universidad Carlos III de Madrid.  “No solo dicen al profesional cómo tiene que actuar, sino que incluso va a ir asociado un régimen de infracciones si no actúa como debe hacerlo”, añade. Las declaraciones se enmarcan en el webinar «Deontología profesional: garantía para la ciudadanía», celebrado el día 9 de junio por Unión profesional, asociación que integra a 37 Consejos Generales y Colegios Profesionales de ámbito estatal, en colaboración con la compañía de carácter jurídico Wolters Kluwer.

Pese al valor que ostenta la deontología profesional, lo cierto es que sigue siendo un concepto muy desconocido por la población general, relegándose, mayoritariamente, al mundo de las profesiones. En lo referido al ámbito académico, aunque en los últimos años se habría logrado dotar de un mayor peso a la cultura ética y deontológica, para Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial, esta debería enseñarse desde una perspectiva diferente. “Tiene que estar presente de manera silenciosa en todas las asignaturas”, reflexiona. Una consideración que también compartiría Iñaki Rodríguez Cueto, representante de la Comisión de Ética y Deontología del Consejo General de Educadoras y Educadores Sociales, quien vería como algo imprescindible dotar de un mayor componente práctico a estas asignaturas, de manera que se fomente entre el alumnado cierta reflexión crítica en torno a la ética profesional. Para ello, Rodríguez Cueto creería que “el sistema educativo debiera dar los recursos y los instrumentos suficientes para aprender a pensar desde la escuela y, sobre todo, en la universidad”. La apuesta por un modelo híbrido capaz de combinar la teoría con la práctica no solo ayudaría a conocer la profesión desde una perspectiva más humana y social, sino que al mismo tiempo repercutiría positivamente en el aprendizaje de los propios estudiantes, ampliando sus competencias profesionales y preparándolos mejor para su introducción en el mercado laboral.

Profesiones colegiados y ciudadanía

Con respecto a los profesionales ya colegiados, las corporaciones dedicarían cada vez más acciones a impulsar la deontología profesional dentro de su colectivo, mediante formaciones orientadas al conocimiento de valores éticos, a fin de transmitir esa responsabilidad a la que se debe el profesional en el ejercicio de sus funciones. Según Martínez Suárez, la pandemia habría evidenciado más aún “esa doble función que tienen los colegios profesionales de, por un lado, trabajar con el profesional para ayudarle a realizar bien su labor y, por otro, garantizar que esa labor se está realizando correctamente”. Una simbiosis sobre la que se erigirían los códigos deontológicos que, desde una perspectiva pedagógica, tratarían de prevenir posibles abusos en la práctica profesional en beneficio de la ciudadanía. Pese a esto último, la deontología seguiría siendo una gran desconocida por gran parte de la población, siendo necesario transmitir su importancia, para así garantizar la calidad de los servicios profesionales.

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