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La vuelta al trabajo presencial incrementa el miedo al contagio entre los empleados

Trabajo presencial

A punto de concluir la época estival, la llegada de septiembre vuelve a traer consigo los primeros atisbos de una rutina que, a diferencia de otros años, muchas personas habrían visto interrumpida hace ahora seis meses como consecuencia de la epidemia. Mientras el trabajo a distancia se convertía en algunos casos en la única vía mediante la que poder seguir dando cuenta a las actividades diarias, la otra cara del mercado laboral reflejaba un sinfín de empleados afectados por ERTEs y despidos, traduciéndose esto último en más de un millón de empleos destruidos durante el segundo trimestre del año, según recogía la Encuesta de Población Activa (EPA). Pese al halo de incertidumbre que sigue dejando tras de sí la COVID-19, trabajadores y empresarios comienzan a adoptar nuevas medidas que permitan una vuelta paulatina y segura a sus respectivos puestos de trabajo. Más allá de dotar a los espacios con las medidas de seguridad pertinentes, las empresas comienzan a lidiar con un nuevo y complejo problema que se escapa de lo físico: el temor del empleado a su reincorporación presencial.

En tanto que los modelos híbridos, aquellos que combinan la actividad presencial con el trabajo a distancia, van ganando popularidad entre las compañías, el miedo a una posible sobreexposición al virus ocasiona que muchos empleados desarrollen cuadros de ansiedad ante su posible vuelta a la oficina. La infodemia o sobreabundancia informativa a la que hemos asistido durante los últimos meses, unida al desconocimiento e incertidumbre sobre el virus y cómo podría llegar este a evolucionar en los próximos meses ha incrementado notablemente los casos de ergofobia. Ante una situación compleja como la actual, muchas personas habrían desarrollado cierta fobia al trabajo y, muy particularmente, cuando el mismo conlleva un regreso a lo presencial.

Como respuesta al estrés generado entre las plantillas, desde el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) publicaban el documento “Prevención de riesgos psicosociales en situación de trabajo a distancia debida al COVID-19. Recomendaciones para el empleador”, dirigido a ofrecer a los empresarios las pautas necesarias para seguir fomentando un entorno laboral adecuado mediante la participación y el cuidado de los trabajadores. Si bien, el documento estaría especialmente orientado a establecer una serie de pautas que permitan afrontar correctamente el trabajo a distancia en condiciones excepcionales como la presente, sus particulares recomendaciones en el ámbito de la salud psicosocial y mental nos emplazan hacia un entorno laboral mucho más humano, en el que se prima la salud mental del empleado. Entre sus particulares sugerencias, se apela a llevar a cabo una comunicación directa entre el empleador y el trabajador que permita hacer conocedor al primero de la situación del segundo, promover el bienestar y ofrecer una serie de estrategias ante un posible impacto emocional.

Hacia un modelo híbrido entre lo presencial y el teletrabajo

Si hasta el pasado año el teletrabajo seguía considerándose como una práctica bastante inusual en nuestro país, apenas regulada por el Artículo 13 del Estatuto de Trabajadores, su repentina implantación ha creado la necesidad de aprobar cuanto antes una ley que permita amparar tanto a trabajadores, como empresarios y que logre dar salida al vacío legal actualmente existente, el cual, podría llegar a su fin en las próximas semanas. Entre las medidas que se contemplarían en dicha ley se encontrarían cuestiones relativas al derecho del empleado a la desconexión digital, el número de horas necesarias para que la actividad pueda considerarse teletrabajo, además de esclarecer los gastos que deberá asumir cada parte, entre otros asuntos.

Ahora que parece que la cultura del presencialismo podría estar llegando a su fin, dando paso a una nuevo concepto de trabajo mucho más flexible, abierto y productivo es importante caminar hacia un modelo híbrido que nos permita sacar el mayor provecho posible a nuestro tiempo, sin que ello conlleve a tener que desligarnos completamente de la oficina.

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