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La emergencia climática sigue activa, aunque ya no pensemos en ella

emergencia climática

La emergencia climática permanece activa, el devenir de un planeta enfermo sigue su curso, emplazando a la cooperación internacional, pero también a la responsabilidad ciudadana, mediante el cambio de unos hábitos que llevarían años incardinados en nuestra sociedad y que nos habrían trasladado hasta una situación crítica, traducida en un incremento de la temperatura media de la Tierra, el deshielo de los polos o el aumento de los desastres naturales, por citar algunos ejemplos. Pese a las evidencias científicas que lo respaldan, hay quienes siguen mostrándose escépticos a que tales fenómenos estén condicionados por la actividad humana, apuntando a un proceso natural del que no dependería el comportamiento de nuestra especie.

La irrupción en el año 2018 del fenómeno Greta Thunberg, tras su aclamada intervención en la vigesimocuarta Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Cambio Climático (COP-24), iniciaba una nueva campaña encaminada a que los actores implicados comenzaran a tratar la crisis climática con la urgencia y el compromiso que se espera de unos gobernantes. Pronto, la joven activista medioambiental daba lugar a un nuevo movimiento, despertando el interés de las generaciones más jóvenes por esta cuestión, y dando paso a los conocidos como “viernes para el cambio”, por los que cada semana las calles de ciudades de todo el mundo se colmaban de estudiantes que pedían que se actuara con celeridad ante la emergencia climática. Apenas dos años más tarde, y contra todo pronóstico, la preocupación por el calentamiento global sigue ahí, pero no de la manera esperada. La confianza en un 2020 marcado por la causa verde quedaba relegada a un segundo plano, eclipsada por una crisis epidémica que demanda una intervención mucho más cortoplacista y de cuyos estragos es víctima gran parte de la población mundial. La COVID-19 ha pasado a ser considerada un problema de doble envergadura, ya no solo por el impacto, más que evidente, que está dejando la enfermedad en nuestro sistema sanitario, económico y social, sino por la magnitud que este ha llegado a alcanzar, acaparando toda nuestra atención y opacando otras cuestiones que, si bien no son igual de urgentes, sí lo son de importantes.

Buenas noticias para la emergencia climática

Consciente de la necesidad de seguir trabajando hacia la consecución de los objetivos climáticos, la presidenta de la Comisión de Europea, Úrsula von der Leyen, proponía durante su discurso sobre el Estado de la Unión, celebrado el 16 de septiembre en la sede de Bruselas del Parlamento Europeo, incrementar el compromiso de los Estados Miembros con el Acuerdo de París, mediante la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). De esta manera, von der Leyen, presentaba una meta mucho más ambiciosa, por la cual, la Unión Europea se compromete a que en 2030 sus emisiones se sitúen un 55% por debajo de los niveles registrados en 1990, quince puntos por encima de lo previamente establecido. Dicho incremento, permitiría alcanzar más fácilmente esa neutralidad climática que tendría puesta la vista en 2050, además de lograr que la temperatura media de la Tierra no sobrepase del 1,5ºC acordado. Sin duda una buena noticia para el futuro del planeta, a la que se sumaba días más la tarde el anuncio del presidente de China, Xi Jinping, quien en el marco de la celebración del 75 aniversario de la ONU, anunciaba la puesta en marcha de unas políticas más responsables con la emergencia climática que permitan que “las emisiones de CO2 lleguen a su cima antes de 2030, y que se materialice la neutralidad de carbono antes de 2060.” La implicación de China en esta materia resulta especialmente importante para la comunidad internacional, ya que actualmente el país asiático es considerado el más contaminante del mundo, seguido de Estados Unidos, según el Informe de la Brecha de Emisiones 2019 (Emissions Gap Report) elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Conforme van pasando los meses desde el estallido de la crisis epidemiológica, la Unión Europea ve en el llamado Green Deal o Pacto Verde, el famoso acuerdo por el que se pretende alcanzar la neutralidad climática, el motor mediante el que poder seguir caminando hacia un futuro verde y sostenible, que permitirá, no solo mejorar nuestra calidad de vida, sino reconstruir nuestra sociedad y encaminarnos a una cuarta revolución industrial más comprometida con el medioambiente.

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